lunes, 27 de abril de 2015

Cheiro de goiaba, primera entrega, Gabriel García Márquez.



Estando de vacaciones por Rio de Janeiro y paseando por las pintorescas calles de Ipanema me encontré con una librería, mi anhelo era poder conseguir una obra del Bahiano escritor Jorge Amado en su idioma natal pero no conté con tal suerte, fui salvado por un pequeño libro que me cautivo por ser obra de mi escritor favorito y así me hice con este ejemplar en portugués de Cheiro de goiaba, (Olor a guayaba), del laureado escritor colombiano Gabriel García Márquez, es un pequeño tomo en el cual el autor tiene una cálida entrevista con el periodista Plinio Apuleyo Mendoza del cual no tenía conocimiento, en este libro el escritor interrogado dilucida el por qué de sus historias, sus personajes y su formación como escritor, pasémoslo a ver más de cerca en este resumen que les paso a compartir.
Sus orígenes: Gabriel nació en el pueblo colombiano de Aracataca el que muchos aseguran que encierra al mítico Macondo, cuando él nació  Aracataca se parecía mucho a esos pueblos del lejano oeste, un tren que pasaba, viejas casas de maderas, calurosas calles de tierra y también sus mitos y leyendas, un poco antes de su nacimiento una empresa extranjera muy grande la United Fruit había instalado sus campamentos en el corazón de las plantaciones de bananas y ahí el poblado conoció una era de esplendor  donde  el dinero corría a borbotones, para su abuela doña Tranquilina cuya familia era una de las más antiguas del poblado esa tempestad de rostros desconocidos de barracas en la vías publica, de hombres cambiándose de ropa en la calle, de mujeres sentadas en baúles con paraguas abiertos y mulas y mulas abandonadas muriéndose de hambre en los palenques de los hoteles, representaban simplemente “la oleada” los desperdicios humanos que la riqueza bananera depositaba en Aracataca.
Esta abuela era la que gobernaba la casa e influyo mucho en la literatura mágica que desarrollaría Gabriel, este recordaba esta casa como grande, antigua, con un patio donde ardía en las noches de mucho calor el aroma de un jazminero, de innumerables cuartos donde suspiraban los muertos.
Para doña Tranquilina, cuya familia provenía de la guajira una península de arenas ardientes, de indios, contrabandistas y brujos, no había una frontera muy definida entre los muertos y los vivos, se refería a las cosas fantásticas como ordinarios acontecimientos cotidianos, (No es este acaso el gen del realismo mágico), a medida que fue envejeciendo aquella frontera entre los vivos y los muertos se hizo cada vez más tenue, de modo que acabo hablando con los muertos y escuchando sus quejas, suspiros y llantos. Entre estos muerto que la abuela escuchaba se encontraba aquella tía Margarita que murió muy joven y linda y cuyos recuerdos había de arder en la memoria de dos generaciones, (Esta inspiro a la casi niña hija de los Moscotes que se caso con el Coronel Aureliano Buendía en la novela Cien años de soledad). Gabriel aseguraba que tenía mucho miedo de niño cuando llegaba la noche y comenzaba el desfile de estos fantasmas. Gabriel vivió en la casa de sus abuelos hasta los ocho años mientras sus padres trataban de asentarse en otra ciudad, su abuelo era el Coronel Márquez, un veterano de la guerra civil respetado en toda la región, que en parte inspiraría la historia de El coronel no tiene quien le escriba, que trata de un veterano de la guerra civil sumido en la pobreza esperando una carta que le conceda una pensión  de veterano que nunca llega y quien tiene todas sus esperanzas para su alivio económico puestas en un gallo de riña que le pertenecía a su hijo único muerto por un pleito en la gallera. Estos dos abuelos eran los padres de la madre de Gabriel quien fuera educado en una atmosfera de rigor y severidad propia de las viejas familias de la región marcando de esa manera distancia para los novios inapropiados, el hombre que vino a pedir tranquila y ceremoniosamente la mano de esta joven de nombre Luisa era uno de aquellos forasteros  que provocaban recelo en la familia, Gabriel Eligio García llego a Aracataca como telegrafista después de abandonar sus estudios de medicina en la Universidad de Cartagena, sin recursos decidió asumir ese destino de funcionario público y casarse, la familia de Luisa se opuso esta hija tan bien cuidada y educada no podía casarse con un telegrafista oriundo de un pueblo de personar barullentas y desembarazadas que no tenían el rigor y la compostura de la familia del coronel, para distanciarlos Luisa fue enviada con su madre a un largo viaje pero esto de nada sirvió porque en cada ciudad había un puesto telegráfico y los telegrafista cómplices del pretendiente le hacían llegar los mensaje de amor que este transmitía.  Debido a tanta obstinación la familia de Luisa cedió y los jóvenes se casaron, (Parte de esta historia familiar inspirarían a Gabriel a escribir la novela El amor en los tiempos del cólera).
Volviendo a su abuelo que también sería un gran inspirador debido a que este de muy joven participo de las guerras civiles que los liberales habían emprendido contra el gobierno conservador cuyo soporte eran los latifundistas, el clero y las fuerzas armadas regulares, la ultimad de esas guerras iniciada en 1889 y terminada en 1901 dejo en los campos de batalla cien mil muertos, toda una juventud liberal formada en el culto a Garibaldi y al radicalismo francés, el coronel Márquez combatió en las provincias costeras donde la guerra había sido especialmente sangrienta bajo las órdenes del legendario caudillo liberal el General Rafael Uribe Uribe del cual Gabriel tomaría algunos rasgos temperamentales y físicos para componer el personaje legendario del Coronel Aureliano Buendía. Así fue como se crio Gabriel entre muertos que aparecían y relatos de la guerra que su abuelo siempre le contaba. Gabriel volvió a vivir con sus padres un poco antes de que muriera su abuelo y a los doce años se separo nuevamente de sus padres para completar su educación.
Nos dice el escritor que comenzó a escribir por si acaso, tal vez solo para demostrarle a un amigo que su generación era capaz de producir escritores, después caí en la trampa de continuar escribiendo por placer dice y después en la trampa de que nada me agradaba mas en el mundo que escribir.
En este largo aprendizaje que le fue útil para escribir le preguntan, Gabriel contesta que en primer lugar su abuela, ella me contaba los hechos más atroces sin conmoverse, como si fuera una cosa que acababa de ver, descubrí que esa manera imperturbable y esa riqueza de imágenes era lo que más contribuía para la verisimilitud de sus historias, usando ese método de mi abuela escribí Cien años de soledad, pero quien me permitió descubrir que sería un escritor fue Kafka quien contaba las cosas de la misma manera que mi abuela, cuando leí a los diecisiete años La Metamorfosis descubrí que iba a ser escritor, descubrí con el que existían en la literatura otras posibilidades además de las racionalistas y académicas que había conocido entonces en los manuales del colegio.
Dice el entrevistador, lo catalogan de realismo mágico en Europa temiendo que los lectores europeos acostumbran a percibir la magia de las cosas que usted cuenta mas no ven las realidad que las inspiran, Gabriel dice, ciertamente por que el racionalismo les impide ver que la realidad no termina en el precio de los tomates o de los huevos, la vida cotidiana en América Latina nos demuestra que la realidad está llena de cosas extraordinarias, respecto a esto acostumbro siempre a citar al explorador norteamericano F.W. Up de Graff, que al final del siglo pasado realizo un viaje increíble por el mundo amazónico donde vio entre otras cosas, un arroyo de agua hirviente, un lugar donde la voz humana provocaba lluvias torrenciales, en Comodoro Rivadavia, en el extremo sur de la Argentina los vientos del polo llevaron por los aires un circo entero y al día siguiente los pescadores trajeron en sus redes cadáveres de leones y jirafas, basta abrir los diarios para saber que entre nosotros acontecen cosas extraordinarias todos los días, por eso no hay en mis novelas una línea que no esté basada en la realidad.              

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Mar muerto y Tocaia Grande, del autor brasileño Jorge Amado



Mar muerto es una novela que cuenta el tipo de vida que llevan los trabajadores del muelle de Bahía, canoeros, patrones de saveiros entre otros y se centra en la historia de vida de Guma, Livia y francisco, los tres parientes agregándose otros personajes como Rosa Palmeiron, el patrón Manuel y Clara.
Cuenta la historia principalmente la relación de los marinos y el mar como todos viven en suspenso aguardando la muerte de un momento al otro al ser sorprendidos por una tempestad en el mar y el sufrimiento de las mujeres que aguardan en el muelle la llegada de sus hombres. Guma es un patrón de saveiro con tradición familiar en el rubro que realiza viajes a distintos destinos llevando cargamentos mientras su mujer Livia lo espera siempre con el miedo latente de que ocurra una tragedia y Yemanja se los lleve para las tierras de aioca, Yemanja que es madre y amante de los marineros  también es protagonista en esta historia y en ella se puede conocer un poco la devoción que le tienen los marineros. Guma vive un montón de aventuras algunas riesgosas de las cuales siempre sale airoso hasta que finalmente le llega su momento en una tempestad que vuelca su saveiro y en la cual tras salvarle la vida a dos hombres perece ahogado, así se cumplen los malos presagios de Livia y esta con un hijo y con una mala situación económica arria las velas del saveiro dejado por su amor y sale a enfrentar el mar que le robo todo.
Tocaia Grande es un descampado a orillas de un río donde se produjo una emboscada hecha por los hombres del Coronel Boaventura Andrade en épocas de disputas de tierras de los terratenientes plantadores de cacao. El capitán Natario da Fonseca hombre del coronel Boaventura ve en ese lugar un buen sitio donde asentar un pueblo debido a que es un atajo hacia los municipios cercanos de Taquaras e Itabuna, este determina que allí será su residencia y al poco tiempo se convierte en paraje donde se instalan un puñado de prostitutas y donde los empleados de las distintas haciendas paran para pernoctar. Buscando riqueza y prosperidad allí se instala también el personaje Turco Fadul abriendo un comercio de ramos generales, poco a poco el paraje se va poblando y comienzan a llegar campesinos en busca de tierras para subsistir con sus cosechas así el paraje va adquiriendo fama y sigue llegando gente y obras idílicas se erigen, pasado el tiempo el paraje va adquiriendo tradiciones y costumbres. Son más de trescientos personajes los que desfilan por esta obra, el progreso llama a la ambición y pronto aparece un dueño de estas tierras y arma a muchos yaguncos y con el apoyo de la ley pretende invadir Tocaia Grande y asumir sus propiedades este no es más que el mismo hijo de coronel Boaventura el pueblo resiste el asedio por aproximadamente un día y en el enfrentamiento caen uno a uno los protagonistas de esta historia, mas tarde este pueblo se convertiría en lo que hoy se conoce como Irisopolis, pero al autor brasileño no le interesa esta historia sino la historia de su gestación como Tocaia Grande, todos los conflictos, padecimientos y sufrimientos que lo erigieron como una ciudad y la historia de la gente que lo hizo posible, entre sus principales protagonistas veremos al capitán Natario da Fonseca, al turco Fadul Abdala, al negro Tizon Castor Abduil, al coronel Boaventura Andrade a su hijo Venturinha, a Coroca partera y prostituta, al acordeonista Pedro Cigano animador de las primeras fiestas, familias de diversas regiones que buscan tierras libres para cosechar y vivir de ellas y a diversas prostitutas que alternan en el tiempo.   

martes, 18 de noviembre de 2014

Alejo Carpentier, lo Real Maravilloso, El Reino de este Mundo.



Alejo Carpentier y Valmont (26 de diciembre de 1904 – 24 de abril de 1980), fue un novelista y narrador cubano que influyó notablemente en la literatura latinoamericana durante su período de auge, el llamado boom latinoamericano. La crítica lo considera uno de los escritores fundamentales del siglo XX en lengua castellana, y uno de los artífices de la renovación literaria latinoamericana, en particular a través de un estilo que incorpora varias dimensiones y aspectos de la imaginación para recrear la realidad, elementos que contribuyeron a su formación y uso de lo  “Real Maravilloso”.
Dice en el prologo del Reino de este Mundo el autor, que lo maravilloso comienza a serlo de manera inequívoca cuando surge de una alteración de la realidad, (el milagro), de una revelación privilegiada de la realidad, de una iluminación inhabitual o singularmente favorecedora de las inadvertidas riquezas de la realidad, de una ampliación de las escalas y categorías de la realidad, percibidas con particular intensidad en virtud de una exaltación del espíritu que lo conduce a un modo de “ estado limite “. Para empezar, la sensación de lo maravillosos presupone una fe. Los que no creen en santos no pueden curarse con milagros de santos, ni los que no son Quijotes pueden meterse, en cuerpo, alma y bienes, en el mundo de Amadís de Gaula o Tirante el Blanco.
Lo real maravilloso es un patrimonio de la América entera, donde todavía no se ha terminado de establecer, por ejemplo, un recuento de cosmogonías. Lo real maravilloso se encuentra a cada paso en las vidas de hombres que inscribieron fechas en la historia del continente y dejaron apellidos, aún llevados: desde los buscadores de la Fuente de la Eterna Juventud, de la áurea ciudad de Manoa, hasta ciertos rebeldes de la primera hora o ciertos héroes modernos de nuestras guerras de independencia.
El Reino de este Mundo cuenta la historia de los levantamientos de los esclavos negros en Santo Domingo Haití por ese entonces colonia francesa, producido en primera instancia por el personaje Mackandal, quien trabajaba en un trapiche junto a Ti Noel protagonista central de esta historia, tras perder el brazo que quedo atorado en el trapicha por esto el esclavo Mackandal por su incapacidad es derivado a cuidar el ganado, pronto este se interesa por las hierbas, raíces y plantas de su tierra y junto a una bruja prepara un poderoso veneno que es derramado por todas las haciendas produciendo la muerte masiva del ganado, el pánico entra en los colonos cuando el veneno llega a sus casas, por este motivo los colonos empiezan a matar y torturar a los negros hasta descubrir que detrás de todo está el manco Mackandal quien se esconde de sus perseguidores con sus poderes licantrópicos hasta que finalmente es apresado y llevado a la plaza para ser quemado en público y en presencia de todos los esclavos para escarmiento de estos. Luego de ser ejecutado, la situación se calma  y los colonos vuelven a dominar a sus esclavos, pero el espíritu de Mackandal seguía vivo, enterados de que en Francia se pregonaba en ciertos círculos la libertad de los negros surge la figura de Bouckman el jamaiquino que planeo una sublevación y la señal fue dada por el sonido de una trompa de caracol que fue respondida por los montes y la selva. Todas las puertas de los barracones cayeron a la vez, derribadas desde adentro, armados de estacas, los esclavos rodearon las casas de los mayorales apoderándose de las herramientas corrieron hacia las viviendas principales, dando mueras a los amos, al gobernador, al Buen Dios y a todos los franceses.
Monsieur Lenomand de Mezy, amo de Ti Noel, había sobrevivido al esconderse en un pozo, paso varios días aterrorizado hasta que un correo a caballo frenó su montura con la noticia de que la horda estaba vencida y la cabeza del jamaiquino Bouckman se engusanaba ya verdosa y boquiabierta en el preciso lugar en que se había hecho ceniza hedionda la carne del manco Mackandal. Se estaba organizando el exterminio total de negros. Lenomand de Mezy se montó en la grupa del caballo del mensajero, que salió gualtrapeando por el camino del Cabo.
Lenomand de Mezy huyó a Santiago de Cuba con un puñado de esclavos que logro rescatar de la muerte entre ellos Ti Noel, casi todos los colonos escaparon tras no poder sofocar la rebelión.
Varios años después Ti Noel escapa de sus amos y vuelve a Santo Domingo, se encamina hacia la antigua hacienda de Lenomand de Mezy, estaba hablando con las hormigas cuando un ruido inesperado le hizo volver la cabeza. Hacia él venían, a todo trote, varios jinetes de uniformes resplandecientes de estilos napoleónicos, Ti Noel, fascinado, siguió el rastro de sus caballos en la tierra del camino. Sobre un fondo de montañas estriadas de violado por gargantas profundas se alzaba un palacio rosado, un alcázar de ventanas arqueadas. A medida que se iba acercando, Ti Noel descubría terrazas, estatuas, arcadas, jardines, pérgolas, arroyos, pero lo que más asombraba a Ti Noel era el descubrimiento de que ese mundo prodigioso, como no lo habían conocido los gobernadores del Cabo era un mundo de negros. Ti Noel comprendió que se hallaba en Sans – Souci, la residencia predilecta del rey Henri Christophe, aquel que fuera antaño cocinero en la calle de los españoles y que hoy fundía monedas con sus iniciales, Ti Noel fue apresado y los pusieron a trabajar llevando ladrillos a la obra. El rey Christophe subía a menudo a la ciudadela para cerciorarse de los progresos de la obra. En caso de intento de reconquista de la isla por Francia, él, Henri Christophe, Dios, mi causa y mi espada, podría resistir ahí, encima de las nubes durante los años que fuesen necesarios.
Un día el pueblo se cansó de la tiranía del rey y este cae herido en una iglesia y es llevado a su palacio. ¡Están tocando el maducumán! Gritó Christophe, en ese instante la guardia rompió filas atravesando en desorden la explanada de honor. Los oficiales corrieron con el sable en claro. De las ventanas de los cuarteles empezaron a descolgarse racimos de hombres, se dispararon tiros al aire, era una desbandada general de uniformes, luego fue la calma del atardecer, el palacio estaba desierto, entregado a la noche sin luna. Era de quien quisiera tomarlo. La noche se lleno de tambores. Llamándose unos a otros, respondiéndose de montaña a montaña, subiendo de las playas, saliendo de las cavernas, tronaban los tambores radás, los tambores congos, los tambores de Bouckman, los tambores de los Grandes Pactos, los tambores todos del vodú. El rey estaba en su habitación, ya había comenzado el incendio de sus granjas, de sus alquerías, de sus cañaverales. Ahora, delante de los tambores corría el fuego, saltando de casa en casa, de sembrado a sembrado. El edificio entero había desaparecido en ese fuego frio, haciendo de cada pared una cisterna de hogueras encrespadas. Casi no oyó el disparo, por que los tambores estaban ya demasiado cerca. La mano de Christophe soltó el arma, yendo a la sien abierta. Así, el cuerpo se levantó todavía, quedando como suspendido en el intento de un paso, antes de desplomarse, de cara adelante, con todas sus condecoraciones. Los pajes aparecieron en el umbral de la sala. El rey moría, de bruces en su propia sangre.
Ti Noel fue uno de los primeros en saquear el palacio y su casa, la había sido de Lenomand de Mezy tenía extravagantes muebles. Al tiempo llegaron los agrimensores blancos y median la tierra y pronto los negros cayeron bajo el látigo nuevamente para trabajar la tierra, esta vez los amos se hacían denominar como Mulatos Republicanos. Por más que pensara Ti Noel no veía la manera de ayudar a sus pares nuevamente encorvados bajo la tralla de alguien. El anciano comenzaba a desesperarse ante ese inacabable retoñar de cadenas, ese renacer de grillos, esa proliferación de miserias, que los más resignados acababan por aceptar como prueba de la inutilidad de toda rebeldía. Ti Noel temió que también le hicieran trabajar a pesar de su edad, ya que la vestidura de hombre solía traer tantas calamidades, más valía despojarse de ella por un tiempo, tomada esa decisión, Ti Noel se sorprendió de lo fácil que es transformarse en animal cuando se tienen poderes para ello. Como prueba se trepó a un árbol, quiso ser ave, y al punto fue ave, y así Ti Noel se fue transformando en diversos animales pero ningún estilo de vida de estos lo conformaba y comprendió entonces, que el hombre nunca sabe para quién padece y espera. Padece y espera y trabaja para gente que nunca conocerá, y que a su vez padecerán y esperarán y trabajarán para otros que tampoco serán felices, pues el hombre ansía siempre una felicidad situada más allá de la porción que le es otorgada. Pero la grandeza del hombre está precisamente en querer mejorar lo que es. En imponerse tareas. En el Reino de los Cielos no hay grandes que conquistar, puesto que allá todo es jerarquía establecida, incógnita despejada, existir sin término, imposibilidad de sacrificio, reposo y deleite. Por ello, agobiado de penas y tareas, hermoso dentro de su miseria, capaz de amar en medio de las plagas, el hombre solo puede hallar su grandeza, su máxima medida en el Reino de este Mundo.          

sábado, 8 de noviembre de 2014

Cien años de soledad, el coronel Aureliano Buendía, Tercera parte, Fin.



Después de muchas idas y vueltas entre el partido conservador y el partido liberal, cansado ya de estas tropelías y viendo que la guerra no llevaba a nada, el coronel Aureliano Buendía pidió a su amigo el coronel Gerineldo Márquez que lo ayudara a terminar con la guerra, al decirlo no imaginaba que era más fácil empezar una guerra que terminarla. Necesitó casi un año de rigor sanguinario para forzar al gobierno a proponer condiciones de paz favorables a los rebeldes, y otro año para persuadir a sus partidarios de la conveniencia de aceptarlas. Llegó a inconcebibles extremos de crueldad para sofocar las rebeliones de sus propios oficiales, que se resistían a feriar la victoria, y terminó apoyándose en fuerzas enemigas para acabar de someterlos, la paz seria concertada en el armisticio de Neerlandia.
En los días siguientes se ocupó de destruir todo rastro de su paso por el mundo. Simplificó el taller de platería hasta solo dejar los objetos impersonales, regaló sus ropas a los ordenanzas y enterró sus armas en el patio con un sentido de penitencia, sólo conservó una pistola, y con una sola bala. La víspera del armisticio, cuando ya no quedaba en la casa un solo objeto que permitiera recordarlo, llevó a la panadería el baúl con sus versos y los quemo. Después, cuando su médico personal acabó de extirparle los golondrinos de las axilas, él le preguntó sin demostrar interés particular cuál era el sitio exacto del corazón. El médico lo auscultó y le pintó luego un círculo en el pecho con un algodón sucio de yodo.
El martes del armisticio amaneció tibio y lluvioso. El coronel Aureliano Buendía apareció en la cocina antes de la cinco y tomó su habitual café sin azúcar.
El acto se celebró a veinte kilómetros de Macondo, a la sombra de una ceiba gigantesca, el coronel Aureliano Buendía llegó en una mula embarrada. Estaba sin afeitarse, mas atormentado por el dolor de los golondrinos que por el inmenso fracaso de sus sueños, pues había llegado al término de toda esperanza, más allá de la gloria y de la nostalgia de la gloria.
El acto duró apenas el tiempo indispensable para que se estamparan las firmas, se dispuso a firmar los pliegos del acta de rendición sin leerlos, uno de sus oficiales rompió el silencio _ Coronel _ dijo _ háganos el favor de no ser el primero en firmar_. El coronel accedió, el documento dio la vuelta completa a la mesa, el primer lugar estaba todavía en blanco. El coronel se dispuso a ocuparlo. _ Coronel _ dijo entonces otro de sus oficiales, _ todavía tiene tiempo de quedar bien _. Sin inmutarse, el coronel firmó la primera copia. Luego del proceso se retiró a una tienda de campaña que le habían preparado por si quería descansar. Allí se quitó la camisa, se sentó en el borde del catre, y a las tres y cuarto de la tarde se disparó un tiro de pistola en el círculo de yodo que su médico personal le había pintado en el pecho. Lo llevaron a su casa envuelto en la manta acartonada de sangre seca y con los ojos abiertos de rabia. Estaba fuera de peligro. El proyectil siguió una trayectoria tan limpia que el médico le metió por el pecho y le sacó por la espalda un cordón empapado en yodo _ Esta es mi obra maestra _ le dijo satisfecho _ era el único punto por donde podía pasar una bala sin lastimar ningún centro vital _.
El fracaso de la muerte le devolvió en pocas horas el prestigio perdido. Los mismos que inventaron la patraña de que había vendido la guerra, definieron la tentativa de suicidio como un acto de honor, y lo proclamaron mártir. Luego cuando rechazo la Orden del Mérito que le otorgó el presidente de la república, hasta sus más encarnizados rivales desfilaron por su cuarto pidiéndole que desconociera los términos del armisticio y promoviera una nueva guerra.
Poco a poco había ido perdiendo todo contacto con la realidad de la nación. Encerrado en su taller, su única relación con el resto del mundo era el comercio de pescaditos de oro. Uno de los antiguos soldados que vigilaron su casa en los primeros días de la paz iba a venderlos a las poblaciones de la ciénaga, y regresaba cargado de monedas y noticias. _ No me hables de política _ Le decía el coronel _ Nuestro asunto es vender pescadito _. Fue entonces que comprendió que el secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad.
Se anunció el inesperado jubileo del coronel Aureliano Buendía, ordenado por el gobierno para celebrar un nuevo aniversario del tratado de Neerlandia. Fue una determinación tan inconsecuente con la política oficial que el coronel se pronunció violentamente contra ella y rechazó el homenaje _ Es la primera vez que oigo la palabra jubileo _ decía _ pero cualquier cosa que quiera decir, no puede ser sino una burla_. Les ordenó que lo dejaran en paz, insistió que él no era un prócer de la nación como ellos decían, sino un artesano sin recuerdos, cuyo único sueño era morirse de cansancio en el olvido y la miseria de sus pescaditos de oro. De modo que el jubileo se llevó a cabo sin asistencia de ninguno de los miembros de la familia.
Con motivos de la conmemoración del jubileo llegaron a su casa sus diecisiete  hijos, pasaron una temporada en el pueblo y se fueron cada uno con un pescadito de oro y con una marca indeleble de ceniza en la frente, luego cuando llegaron los gringos de la company frutera el coronel se altero con los cambios producidos y amenazo con reclutar a sus muchachos para volver a la guerra, esa noche la mayoría de sus hijos fueron asesinados con un tiro en la frente en la marca indeleble de ceniza en los distintos puntos del país, furioso el coronel decidió emprender una campaña y entonces visito al enfermo coronel Gerineldo Márquez para que lo ayudara a promover la guerra total _ Ay, Aureliano _ suspiro Gerineldo _ ya sabía que estabas viejo, pero ahora me doy cuenta que estás mucho más viejo de lo que pareces _  y así fracaso su último intento de promover una guerra.
Por esos días Úrsula su madre se dio cuenta de que el coronel Aureliano Buendía no le había perdido el cariño a la familia a causa del endurecimiento de la guerra, como ella creía antes, sino que nunca había querido a nadie, ni siquiera a su esposa Remedios o  a las incontables mujeres de una noche que pasaron por su vida, y mucho menos a sus hijos. Vislumbró que no había hecho tantas guerras por idealismo, como todo el mundo creía, ni había renunciado por cansancio a la victoria inminente, como todo el mundo creía, sino que había ganado y perdido por el mismo motivo, por pura y pecaminosa soberbia. Llegó a la conclusión de que aquel hijo por quien ella habría dado la vida era simplemente un hombre incapacitado para el amor. Una noche, cuando lo tenía en el vientre, lo oyó llorar ahora la lucides de la decrepitud le permitió ver, y así lo repitió muchas veces, que el llanto de los niños en el vientre de la madre no es un anuncio de ventriloquía ni de facultad adivinatoria, sino una señal inequívoca de incapacidad para el amor.